Bloom #100: Lo que aprendí escribiendo sobre Bitcoin
100 ediciones después, Bloom ya no es solo un newsletter sobre Bitcoin. Es una ventana para entender el sistema, sus reglas (y sus trampas), lo que viene y lo que se está cayendo. Hoy celebramos...
Hoy llegamos a la edición 100.
Antes de hablar de tasas, crypto, inflación o memes, quiero hacer una pausa. Porque 100 ediciones de este newsletter no son solo un número redondo. También son una excusa perfecta para mirar atrás y hacer un pequeño balance del camino recorrido.
Cuando empecé Bloom, la idea era clara: explicar lo que está pasando en los mercados, la economía y el mundo cripto sin tecnicismos innecesarios. Compartir una tecnología con un potencial enorme, pero que tiene una curva de aprendizaje que toma tiempo. No porque sea especialmente difícil, sino porque es tan disruptiva que te obliga a repensar todo lo que nos han enseñado sobre el dinero, el poder y las reglas del juego.
Con el tiempo, entendí que hablar de Bitcoin no es solo hablar de tecnología. Es hablar del mundo entero.
Escribir semana tras semana fue como pelar una cebolla: cada capa te lleva a otra más compleja, más antigua, más incómoda de digerir. Y en ese proceso, terminé enfrentándome a preguntas que ni me planteaba cuando empecé: ¿Quién decide qué es el dinero? ¿Por qué trabajamos toda una vida para ahorrar en una moneda que pierde valor sin que nadie se haga responsable?
Lo que parecía tecnología, resultó ser historia, política, poder…
Bitcoin me empujó a leer sobre la historia de la Reserva Federal, el origen del dinero, el patrón oro, las crisis de deuda, cómo funciona realmente un banco central... y cuanto más leía, más claro lo veía: vivimos bajo un sistema que se sostiene sobre decisiones arbitrarias, emisión de dinero sin respaldo y una promesa implícita de que todo va a seguir funcionando aunque nadie entienda muy bien cómo.
Es imposible estudiar Bitcoin sin cuestionar el sistema monetario actual. Y cuando te das cuenta de que ese sistema está construido sobre deuda infinita, rescates permanentes y la pérdida progresiva del valor del dinero, es difícil volver a confiar ciegamente.
Es un camino que te obliga a despertar. Un proceso de aprendizaje acelerado. Cada edición era una excusa para entender mejor lo que estaba pasando y, al mismo tiempo, intentar contarlo de forma clara.
Y en ese camino, aprendí varias verdades incómodas
Que el dinero fiat no está respaldado por nada más que confianza.
Que el sistema financiero no premia el ahorro, sino el endeudamiento.
Que las reglas cambian cuando conviene a los que mandan.
Que la inflación no es un accidente, sino una herramienta.
Y que no hay libertad económica si no tienes soberanía sobre tu propio dinero.
Al final, todo se reduce a una elección: o crees en un sistema donde unos pocos lo deciden todo, o decides apostar por uno donde las reglas estén claras, sean inmutables y nadie pueda romperlas a su antojo. Bitcoin no es magia. Tampoco es perfecto. Pero es, hoy por hoy, lo más cerca que hemos estado de tener un sistema monetario que no pueda ser manipulado.
Y eso, después de 100 semanas escribiendo, leyendo, dudando y volviendo a escribir, me he dado cuenta que no se trata de enamorarse de una moneda. Se trata de entender qué tipo de mundo estamos financiando cada vez que usamos el dinero que nos imponen.
Bitcoin, energía y el nuevo ciclo económico
Han pasado muchas cosas estas semanas, pero la narrativa macro sigue intacta:
hay dinero disponible, y está entrando al mercado con fuerza.
Bitcoin ya acumula una subida del 28 % en lo que va de 2025 y ha marcado nuevos máximos históricos, enviando una señal clara: esto recién empieza. No se trata solo de un repunte técnico, sino de una revalorización más profunda, impulsada por factores estructurales que lo conectan con lo que está ocurriendo en toda la economía.
Por otro lado, el S&P 500 marcó su quinto máximo histórico del año. Ya se ha duplicado en los últimos cinco años y cuadruplicado en los últimos diez. Los temores de recesión quedaron atrás, y el optimismo crece en un entorno donde los salarios suben, la inflación parece bajo control y el consumo sigue fuerte.
¿Y quién está empujando todo esto?
Los minoristas.
El inversor común está más presente que nunca… y también más emocional. Compran, sostienen, comparten memes, arman comunidad. Y aunque a primera vista parezca anecdótico, esa energía colectiva refleja un cambio profundo: el mercado ya no se mueve solo por datos fríos; se mueve por narrativas, por símbolos, por historias que conectan.
Y dentro de esa narrativa emergente hay un giro estructural en marcha. Lo que vemos no es simplemente otro ciclo económico, sino un reordenamiento de prioridades. El capital empieza a moverse hacia activos tangibles: Bitcoin, oro, energía, manufactura. No por moda ni especulación, sino por necesidad. La inflación persistente, la fragilidad del dólar como reserva global y una presión fiscal cada vez más asfixiante están llevando a muchos a replantearse qué es verdaderamente valioso de cara al futuro.
En ese contexto, Wall Street ya no debate si Bitcoin es válido o no: ya lo integró. ETFs, fondos institucionales, aseguradoras… lo relevante ya no es el “qué”, sino el “para qué”. Y en esa conversación aparecen palabras como escasez, cobertura, independencia, soberanía. Conceptos que antes circulaban en foros cripto y hoy ocupan lugar en los comités de inversión.
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está acelerando la demanda de algo muy básico pero imposible de falsificar: electricidad. Lo que parecía una revolución digital enfocada en software está dando paso a una transformación física, de infraestructura pura. Data centers, baterías, cobre, plantas eléctricas. El futuro que viene no se trata de más pantallas, sino de más materia prima. Más energía. Más minería. Una reindustrialización silenciosa pero muy real.
Y todo esto sucede mientras la Reserva Federal navega con un margen de maniobra cada vez más estrecho. El déficit fiscal, los pagos de intereses y la presión política limitan sus opciones. Si el crecimiento del PIB se mantiene por encima de los tipos, la inflación puede volver por la puerta de atrás. Y en ese escenario, los activos duros y descentralizados no solo sobreviven: destacan.
Hoy, los mercados se mueven por mucho más que hojas de Excel. Se mueven por emociones, por cultura, por comunidad. Por ideas que hace unos años no tenían cabida en una cartera tradicional… y ahora dictan el ritmo. Bitcoin, energía, política monetaria, cultura pop. Todo está conectado. Y como siempre, el que solo mira la escena… se pierde la película.
La narrativa institucional se fortalece
Si quedaban dudas de que Bitcoin ya forma parte del nuevo orden financiero, julio vino a despejarlas. En apenas unas semanas, vimos avances regulatorios claves en Estados Unidos que podrían marcar un antes y un después:
GENIUS Act: primer marco federal para stablecoins, con reglas claras y protección al consumidor.
CLARITY Act: define si un activo digital es commodity o security, y qué regulador aplica (SEC o CFTC).
Anti-CBDC Surveillance State Act: prohíbe a la FED lanzar un dólar digital que atente contra la privacidad financiera.
Estas propuestas no solo muestran una maduración del debate regulatorio, sino que consolidan algo que ya veníamos viendo con los ETFs, las reservas estratégicas de fondos y la adopción por parte de aseguradoras y bancos: el interés institucional y el ecosistema cripto no es una moda, es una estrategia.
Mirando hacia adelante: ¿bajará la FED las tasas este año?
Mi postura se mantiene: alcista.
La inflación ya no parece ser un problema para Estados Unidos, que luego de 3 meses consecutivos bajistas, tuvo un pequeño repunte que no giro ni una cabeza. Parece que ya no es un tema controversial en los mercados.
Pasa lo mismo en Europa, donde a pesar de ver u repunte de 0,1% en la inflación anual, han seguido con recortes en las tasas de interés todo el año y se espera ver al menos un recorte mas este trimestre.
Y aunque el mercado espera con cautela la próxima reunión de la FED el 30 de julio, yo sigo creyendo que veremos uno o dos recortes de tasas en Estados Unidos antes de que termine el año. Tal vez no sea en el corto plazo inmediato, pero los datos van en esa dirección.
Y hasta aqui llegamos hoy
Gracias por leer, por compartir y por formar parte de esta comunidad que crece todas las semanas. Todavía queda mucho por construir, pero cada edición es un paso.
Charlie B.
Todo el contenido es solo con fines informativos. Este newsletter de Charlie tiene un carácter general y no considera ni aborda ninguna circunstancia individual, y no es un consejo de inversión, ni debe interpretarse de ninguna manera como consejo fiscal, contable, legal, empresarial, financiero o regulatorio. Debe buscar asesoramiento legal y financiero independiente, incluido el asesoramiento sobre las consecuencias fiscales, antes de tomar cualquier decisión de inversión.








hola, no solo aprendieron uds durante este tiempo sino yo también.
Les doy gracias por su aporte y dedicación y espero continuemos creciendo juntos